jueves, 1 de febrero de 2018







 


Tus impulsos valen más que cualquier editorial, que cualquier editor, que cualquier crítico. Si sigues tus impulsos, ofrecerás verdad y siempre habrá alguien fuera de las páginas que lo agradecerá.


Cuando una escena se estanca, piensa en lo que quiere el personaje, los personajes; cada uno de ellos dentro de esa escena. La acción es la que mueve la historia, la que la hace avanzar. Sin acción, no hay historia.




Escribo esto para dejar salir a la luz (expresar un sentimiento, ya sabes) ese agotamiento que me produce el hecho de dar a conocer un libro. No sé qué pasará cuando publicas con editoriales grandes, cuando las tiradas son enormes y puedes ver las pilas de libros en las librerías. Ni cuando los medios están atentos a lo que haces.
No hablo de esto, eso no lo sé.
Hablo de lo que es publicar en una editorial pequeña, con una tirada pequeña y siendo un desconocido. Es agotador darle vueltas a qué gracieta subir a la red social por si alguien se dignara a verla, es agotador ir de sitio en sitio para firmar unos pocos ejemplares que no te pagarán el viaje. Es agotador intentar que alguien te vea; por no hablar del hastío que se puede provocar en los demás.





No sé quién le daba el siguiente consejo a un escritor novel: “No escribas, ya hay demasiados libros”.
Pues bien, lo hago mío:
Si alguna vez me pidiera consejo alguien que empieza, le diría lo siguiente:
Si escribes para que te lea alguien además de tus amigos y tu familia, no escribas, ya hay demasiados libros.
Si escribes para ver tu libro en las librerías, no escribas, ya hay demasiados libros.
Si escribes para ganar dinero, ni se te ocurra empezar, ya hay demasiados libros.
Si escribes porque necesitas contar algo, expresar un sentimiento, contarte a ti mismo esa historia, entonces ya estás tardando en ponerte.