Hacía muchísimo que no entraba por aquí. Pero ya sabes, este es un blog para reflexionar sobre la escritura y hacía mucho que no reflexionaba sobre ella. He escrito esto deprisa y corriendo, sin pararme a meditar demasiado ni a corregir. Disculpad las incoherencias, fallos y el desorden. Pero estas reflexiones prefiero hacerlas así, escupiendo. Después ya vendrá el tiempo de macerar.
Pues eso. Hola de nuevo.
En estos días de presentaciones y charlas, hemos hablado bastante de los personajes. O igual he sido yo el que más ha hablado. De ellos y de por qué me gusta tanto crearlos. Quizá porque, sin ellos, a mí no me hubiera resultado interesante lo que he escrito. Igual, hasta es que, a través de ellos consigo conocerme más a mí y a los que me rodean. De hecho, en estos días, haciendo entrevistas laborales a candidatos, me he descubierto a mí mismo tratando de profundizar en sus porqués, en qué había detrás de sus gestos. No soy bueno para un departamento de recursos humanos. Con algunos se me encogía el corazón.
Hablando de mi última novela, "La sinagoga del agua", alguien calificó a Dante como un pagafantas. No estoy de acuerdo con esa definición, pero puedo admitirla. Igual cambiaría la palabra por "pringao". De hecho, creo que Dante no paga ni una fanta en toda la novela. Pero da igual. Vamos con Dante.
Me ha dado que pensar esa calificación.
Y llego a la conclusión de las tres dimensiones. O más. Los personajes tienen que ser tridimensionales (como mínimo). Imaginemos a Dante o, por no hacer spoiler, a cualquier otro "pringao" real o ficticio.
Y una vez que lo hayamos imaginado, vamos a aprender a mirarlo. A mirarlo de verdad. Obviemos ese primer vistazo (si es alto o bajo, bizco, rubio o moreno, flaco o gordo).
Creo que todo el mundo tiene las siguientes dimensiones (o más). Una es cómo lo ven los demás. Otra es cómo cree que lo ven los demás, y otra cómo es de verdad. Podríamos añadir una "capa" más entre cómo cree que lo ven y cómo es. Esta sería como él cree que es. En realidad, puedo añadir más:
-Cómo lo vemos.
-Cómo cree que lo vemos.
-Cómo le gustaría que lo viéramos
-Como cree que es.
-Como es.
Pues ya vamos por 5 dimensiones... ¿Entiendes cuando digo que me gustan los personajes complejos?
Pensemos en nuestro pringao. Le podemos llamar Dante, como al protagonista, por qué no.
Cómo es Dante de verdad lo dejo para las páginas del libro. Igual nadie lo sabe. Si nos fijamos en sus capas, quizá ni él mismo haya llegado tan al fondo y tampoco lo sepa.
Prefiero empezar por arriba. De afuera a adentro. Cuando tomamos una cerveza en un bar y miramos y decimos: "Mira ese pringao".
Hemos mirado si es flaco o gordo, bizco, rubio o moreno. Pero, en realidad, no hemos mirado una mierda.
¿Te has parado a pensar cómo cree él que lo estás viendo? ¿En que cabe la posibilidad de que él sepa (porque seguramente no es la primera vez) de que lo estás mirando como un pringao?
Ahí tienes una nueva dimensión sobre la que escribir. Ahí tienes a un personaje que ya tiene algo que decirnos. ¿Cómo le hace sentir eso? ¿Qué reacciones le provoca?
Habríamos contestado ya a la segunda pregunta (cómo cree que lo vemos) Pero esto nos lleva a otra: (podría ser una subcapa, subdimensión...) llámalo como quieras. ¿Él piensa que de verdad es un pringao o solo cree que es como lo vemos? Lo piense, o no lo piense, nos lleva a modos de actuar y reaccionar distintos.
Pero siempre lo llevarán a cómo le gustaría a él que lo viéramos. Es evidente que a todos nos gusta ser unos tíos enrollaos y que triunfan en la sociedad. Que nadie nos mire como pringaos sino como gente guay. ¿Qué quiere Dante? ¿Pasar desapercibido? ¿Que lo quieran? ¿Que lo admiren? ¿Su única aspiración es ser visto como el chico de Mara? ¿O lo que quiere es que Mara lo admire tanto como él a ella?
Ante estas pregutnas, ¿cómo actúa Dante? ¿Cómo actúa cualquiera? Sé de buena tinta qué quiere Dante. Todo el que haya leído la novela lo sabe. Pero quizá hay por debajo algo más. Dante es como es, o como cree que es
Cómo cree que es: No voy a desvelar aquí cómo Dante cree que es él mismo. Que cada uno lo perciba. Solo voy a decir que lo que espera Dante es una prueba. No creáis que una gran prueba, no creáis que nada del otro mundo. Dante no es así, no busca grandes gestos. Sólo el más natural de ellos que probaría lo que tanto desea. Y esa es su piedra de Sísifo, la que lo hace moverse una y otra vez aunque sepa que sí, que en realidad es tan pringao como los demás lo ven. Aun así, insiste en empujar. Él no puede hacer otra cosa (y así es Dante en realidad).
Y, bueno, esos suelen ser mis personajes. Gente de verdad. Con sus miserias y sus bendiciones. Es verdad que me inclino más por las miserias, pero eso es porque a mí el éxito no me parece literario. Los triunfadores ya tienen su premio.
Yo solo digo. Da igual si escribís o no. Aprended a mirar. La próxima vez que veáis a ese pringao, aprended a mirarlo. Igual resulta que el vuestro es totalmente distinto.
Pero miradlo antes. Y después ya, si eso, lo despellejáis.
Saludos y hasta no sé cuando.

