Acaba de sorprenderme una trama que me está costando un mundo. Y eso es bueno. Eso quiere decir que, quizá empiece a abrirse a mí.
A pesar de haber trazado el mapa, a pesar de pensar y pensar en qué le pasa, a quién le pasa. por qué le pasa. A pesar de llevar ya un año intentando desvelar esta historia, hoy, por fin, me ha sorprendido; me ha medio desvelado algo que no estaba en ningún plano, nota, pensamiento. Solo ha dejado entrever una luz, una sospecha.
Todo esto viene a que, en mi opinión, si yo mismo no me sorprendo cuando escribo; si no me emociono, si no me cuento la historia como si me la estuvieran contando; no creo que el lector se sorprenda, se emocione o se interese.
Y es que, con el más absoluto respeto a quien piense y haga lo contrario, para mí escribir es recorrer el camino. Quizá haya un destino prefijado y quizá un recorrido planeado; pero lo verdaderamente interesante, lo divertido; lo emocionante, es pillar ese desvío que de repente se presenta ante ti y que puede que te lleve a un sitio totalmente distinto.
O puede que a ningún sitio.
En tal caso habrá que desandarlo y regresar al plan inicial. Y, aún así, ya nada será igual, porque esos otros caminos siempre dan algo.
¿Conclusión de esta entrada? ¿Por qué la anoto en mis notas para recordar?
Hay que tenerlo siempre presente: Sorpréndete a ti mismo. Emociónate. Si no lo haces, ellos tampoco lo harán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario