martes, 9 de octubre de 2018


Hace meses que este blog guarda silencio, que es casi como decir que yo guardo silencio (más o menos). También hace meses que no escribo y lo cierto es que no lo he echado demasiado de menos. O sea, que según esa gente que dice que no eres escritor si puedes pasar un día entero sin escribir, según esos para los que escribir es como respirar, no soy escritor. Bueno, tienen razón, aunque no por esos motivos, sino por otros que ya se han expuesto antes en este blog sobradamente.

El caso es que no he sentido necesidad de escribir, ni de reflexionar sobre la escritura. He tenido (y tengo) la mente ocupada en otros asuntos que, aunque se sorprendan los del respirar y el escribir, son más importantes (o a mí me lo parecen).

Y esto, paradójicamente, me lleva a reflexionar sobre la escritura. Y pienso en los escritores atormentados; pienso en Bukowski y su forma de vida y me pregunto qué necesita cada cual para escribir. Yo, por ejemplo, no podría llevar la vida de Bukowski y escribir, no podría llevar la vida de los escritores de la generación Beat y escribir. Tampoco creo que hubiera podido llevar la vida de Bolaño y escribir. Yo necesito una "paz interior" que no me lleve la mente a problemas ajenos a la escritura para sentarme a escribir.

No sé, quizá cuando alguien lleva vidas como aquellas y está dispuesto a desnudarse, salen grandes obras como las que ellos escribieron.

Y yo, al fin y al cabo, solo soy un informático que escribe.

Mientras haya calma.

miércoles, 29 de agosto de 2018




Ya han sido varias las veces en las que alguien me ha puesto en un aprieto al preguntarme por el compromiso social del escritor. O, más concretamente, por mi compromiso social como informático que escribe. 

La pregunta suele ser si yo, al escribir, tengo en cuenta el compromiso social, la igualdad de género o cualquier otra lucha loable por mejorar nuestra sociedad. Y, como ya me propuse hace un tiempo que todo esto trataba de honestidad, siempre tengo que decir que no. 

Y, la verdad, esto me hace quedar como el culo, así que he decidido reflexionar sobre este asunto y este es el lugar para apuntar mis pensamientos. 

Lo primero que me pregunto es si un escritor ha de ser socialmente comprometido para ser un buen escritor. ¿Ha de serlo? Yo creo que hay grandes escritores que no lo son o nunca lo fueron. (Que cada uno se ponga sus propios ejemplos porque yo no quiero meterme en más jardines) 

Lo segundo que me planteo es sobre el modo en el que se suele hacer la pregunta: “¿Tú, cuando escribes, tienes en cuenta la igualdad de género?” (por ejemplo). 

Podría contestar que mis mejores personajes son mujeres, que pienso incluso que las suelo tratar mejor que a los personajes masculinos; podría decir que he escrito sobre mendigos y sus sentimientos y los he retratado con una humanidad con la que no solemos mirarlos cuando piden en la calle. Podría incluso decir que escribí un personaje, mujer para más señas, que pasa de llamarse Victoria a Libertad y que liga su suerte a la de la República contra el fascismo. 

Y nada de esto sería falso. 

Pero ante la pregunta, “¿piensas en la igualdad de género/clases cuando escribes?” tengo que contestar la verdad: No. 

Escribo novela. Supongo que en la poesía sería algo muy distinto. Pero yo escribo novela y, según mis propias palabras, escribo novelas de personajes. Lo que yo me planteo cuando comienzo a pergeñar una novela no es qué causa voy a defender, sino qué personajes voy a contar. Esto es así, lo primero que me suele surgir son los personajes, antes incluso de qué es lo que van a hacer esos personajes. Y luego, podré escribir personajes depravados o adorables; pero solo según qué me haya propuesto contar. 

¿Me hace esto menos comprometido socialmente, más machista? No voy a defenderme aquí de esto. Soy lo comprometido/machista que soy. Trato de ser buena gente y soy consciente de que tengo un amplio margen de mejora. Pero esto ya es parte de mi vida, no de mi obra. 

Creo, por otra parte, (y lo copio de una entrada anterior) que el escritor debe estar detrás de sus libros, no delante. Que el escritor no importa, importa su obra. Y creo que todo este mundo 2.0 está desvirtuando eso mucho. 

Fijémonos en los grandes libros, no en quién los escribió.

miércoles, 1 de agosto de 2018



De vez en cuando me encuentro un libro que me frustra. Y no es porque no me guste, todo lo contrario; es porque me parece demasiado bueno; tanto que me hace pensar que la mayoría de los libros no merecen la pena ser publicados, ni siquiera escritos. No si no llegan a este nivel. Y yo soy consciente de que nunca llegaré a ese nivel. De ahí la frustración. De ahí que me plantee para qué seguir escribiendo; por qué tratar de publicar un solo manuscrito más. Me gustan muchos libros, pero solo unos cuantos autores me llevan a plantearme dejar la literatura para aquellos que consiguen hacerla un arte (Tom Spanbauer, Baricco, el antiguo Auster... quizá alguno más que en este momento no me viene a la cabeza y, ahora, Miguel Ángel Hernández)



Hay novelas que no merece la pena leer, hay novelas que está bien leer; y luego están las imprescindibles. Y esta es una de ellas.

domingo, 1 de julio de 2018



Acaba de sorprenderme una trama que me está costando un mundo. Y eso es bueno. Eso quiere decir que, quizá empiece a abrirse a mí. 
A pesar de haber trazado el mapa, a pesar de pensar y pensar en qué le pasa, a quién le pasa. por qué le pasa. A pesar de llevar ya un año intentando desvelar esta historia, hoy, por fin, me ha sorprendido; me ha medio desvelado algo que no estaba en ningún plano, nota, pensamiento. Solo ha dejado entrever una luz, una sospecha.
Todo esto viene a que, en mi opinión, si yo mismo no me sorprendo cuando escribo; si no me emociono, si no me cuento la historia como si me la estuvieran contando; no creo que el lector se sorprenda, se emocione o se interese.
Y es que, con el más absoluto respeto a quien piense y haga lo contrario, para mí escribir es recorrer el camino. Quizá haya un destino prefijado y quizá un recorrido planeado; pero lo verdaderamente interesante, lo divertido; lo emocionante, es pillar ese desvío que de repente se presenta ante ti y que puede que te lleve a un sitio totalmente distinto.
O puede que a ningún sitio.
En tal caso habrá que desandarlo y regresar al plan inicial. Y, aún así, ya nada será igual, porque esos otros caminos siempre dan algo.
¿Conclusión de esta entrada? ¿Por qué la anoto en mis notas para recordar?
Hay que tenerlo siempre presente: Sorpréndete a ti mismo. Emociónate. Si no lo haces, ellos tampoco lo harán.


miércoles, 27 de junio de 2018



No es el primer contrato que firmo; aquel fue el de Intersecciones. Tampoco que el que más ilusión me ha hecho, mérito que tuvieron mis queridos pelícanos (Los pelícanos ven el norte). Ni el que más se ha hecho esperar (Lo que está por venir); ni mucho menos el que más claro tuve que se acabaría firmando (Cuéntame cosas que no me importe olvidar). 
Lo que sí puedo decir es que es el quinto que firmo, y sabido es que no hay quinto malo.
Eso esperamos Roca Editorial y un servidor.
En unos meses lo comprobaremos.

domingo, 24 de junio de 2018




Se me ocurre una clasificación por la que quizá alguien pueda crucificarme. Pero hoy me he levantado pensando que la cosa era así, y así lo apunto aquí para no olvidarlo:

Piensa en la literatura como si fuera una comunidad de vecinos.
La poesía es la casa de las palabras y lo comparte con el de los sonidos. Allí habitan juntos, y juntos (creo) son la parte más artística de la comunidad.

El cuento es donde viven los sucesos. Se apoyan, cómo no, en sus vecinas las palabras y, a los afortunados, también los vienen a ver de vez en cuando los sonidos. Aunque la mayoría son eso: sucesos.

Están las primas de los sucesos, que son las anécdotas, y que viven en el piso de los microrrelatos. Este piso, creo, está lejos de la poesía y a mí solo me merece la pena pasar por ahí cuando las palabras y los sonidos deciden ir a visitar a las anécdotas. Y esto, por desgracia, ocurre en raras ocasiones.

Y luego está la novela. Ese piso grande del que son dueños absolutos los personajes. Que, es verdad, como todos los demás, visitan a menudo la planta de la poesía para observar la decoración a ver qué se les pega; pero que no pueden evitar moldear todas esas palabras y sonidos en el relato de sus propias vidas y sentimientos. 

Hay personajes que se quedan a vivir en los cuentos o, peor aún, en los microrrelatos y allí no son felices. Porque no pueden conformarse conviviendo con simples sucesos o anécdotas. Esa no es su vida. Y, a veces, en algunos edificios, hacen pisos novela que solo son un suceso grande, donde los personajes no llegan a desarrollarse y, por lo tanto, tampoco son felices.

Luego, por supuesto, hay otros pisos en la comunidad Literatura. Pero a estos los he visitado menos y por eso no entran en mi reflexión.

Y, en fin, esta es mi clasificación. Aparte de la poesía, que para mí es la rama de la literatura más cercana al arte, distingo entre esa eterna pugna de qué es cuento y qué novela. Para mí no se trata de la extensión, sino del contenido y del modo de tratarlo. Microrrelato: anécdota, Cuento: suceso, Novela: personajes. 


viernes, 15 de junio de 2018



Philippe Djian (París, 1949) en este artículo de El País:

Sobre los escritores personaje:
"El escritor tiene que estar detrás de sus libros, no delante. No hace falta que se le vea".

Tan, tan, de acuerdo... Yo siempre he dicho que prefería que mis libros hablaran por mí, no yo por ellos.
 
 
"Coloco a personajes ordinarios en situaciones extraordinarias y veo como se desarrollan. Como decía Stevenson, la aventura de la novela no es la materia sino la forma".

Escritor de brújula, como a mí me gusta. Las críticas hacia mis "inicios", las dificultades para publicar, escuchar a todos menos a mi interior me hicieron dudar y sumergirme en el mundo de los mapas, esquemas, fichas; el todo atado y bien atado. No me gusta; y quizá por eso ya no fluya como antes. Claro que es muy probable que mi brújla al lado de la suya sea de todo a 100 y, entonces, pues no es lo mismo...
No obstante, ahora volver atrás me resultará muy difícil.
En cuanto a Stevenson y la forma, también lo he pensado desde siempre. Creo que todo está contado, solo cambia la forma de hacerlo. El problema con mucho de lo que se lee (y se publica) ahora es que se hace al contrario: lo importante es la materia y la forma importa un pimiento. Igual por eso se publica tantísimo.
Es cierto que esto apenas sirve para unos pocos privilegiados, para los artistas de verdad. Es un problema querer poner el énfasis en la forma y no llegar. Sin embargo, yo prefiero intentarlo (ojo, no digo que me salga).

 
"La imagen que tenía de los escritores que iban por allí era de unos viejos ridículos. Yo no quería parecerme a ellos".

No en general, diría que es excepcional, pero algunas veces me ocurre igual. No quiero ser como algunos (sí como otros).

Lo mejor de escuchar a los grandes es que te das cuenta de que a veces no vas tan descaminado.
 





miércoles, 13 de junio de 2018



Yo escribo gracias a un par de talleres. Especialmente a uno que siempre he recomendado si alguien me ha preguntado. Los talleres están bien. Es verdad que enseñan cosas que de otro modo se tardaría mucho en asimilar. Una vez dije que los talleres no son imprescindibles, lo es la lectura. Que, sin embargo, son como el zumo concentrado: condensan muchas lecturas, extraen la esencia y te la ofrecen. No obstante, nadie querría prescindir del zumo natural que es la lectura. Desde luego, un escritor no podría. Sin embargo opino que llega un momento en el que hay que prescindir de ellos (de los talleres, no de los zumos). Una vez aprendidas las escasas técnicas básicas, una vez practicadas, hay que volar en busca de tu propia esencia. 
De tu propia voz. 
Es posible e incluso probable que no la tengas y que, por lo tanto, no la encuentres; pero si la tienes y consigues hallarla; entonces es cuando empiezas a escribir de verdad. 
Escribir es un acto solitario. Estás solo cuando escribes y si tienes miedo a esa soledad, nunca podrás volar y, por lo tanto, nunca encontrarás tu voz.
Escribir es, además, un acto de persistencia; de obstinación. Y si no persistes, si no te obstinas, no podrás llegar a saber qué puedes dar.
Porque escribr es dar. Lo que tengas (no se puede pedir más). 
Pero todo lo que tengas, no te puedes guardar nada.
Y tienes que saber lo que tienes.
Y para eso, hay que volar.


lunes, 11 de junio de 2018



"El lenguaje literario era en cierto modo un intruso que intentaba pasar inadvertido entre el lenguaje común. Parte de su interés, si no todo, residía en esa capacidad no ya de ser tolerado por el sistema siendo tan diferente a él, sino de confundirse con él hasta el punto de que mucha gente, como Pedro, suponía que aprender a escribir diálogos consistía en aprender a escribir como se habla. Confundía la literatura con la vida. Quería llevar su vida (su habla) a la escritura,"
 Juan José Millás.
Lee aquí el artículo completo, es una maravilla

sábado, 9 de junio de 2018

Dice Chuck Palahniuk que si no te apetece ponerte a escribir hagas lo siguiente: pon el cronómetro en media hora y ponte a escribir. Si para cuando haya pasado esa media hora no quieres seguir, eres libre de dejarlo. Pero asegura que para entonces, muy probablemente ya te hayas enganchado y decidas continuar.
Esa pereza inmensa que sientes no es solo tuya.
Nos pasa a muchos.
Yo, por ejemplo, últimamente cojo al perro y me doy caminatas de varios kilómetros por no ponerme a escribir. Y quien me conoce sabe el inmenso volumen que alcanza esa pereza, directamente proporcional a los kilómetros recorridos.
Pero igual no es pereza y uno debería empezar a plantearse que ya ha contado todo lo que tenía que contar.
Al menos, por ahora.
En fin, enciendo el cronómetro.