viernes, 15 de junio de 2018



Philippe Djian (París, 1949) en este artículo de El País:

Sobre los escritores personaje:
"El escritor tiene que estar detrás de sus libros, no delante. No hace falta que se le vea".

Tan, tan, de acuerdo... Yo siempre he dicho que prefería que mis libros hablaran por mí, no yo por ellos.
 
 
"Coloco a personajes ordinarios en situaciones extraordinarias y veo como se desarrollan. Como decía Stevenson, la aventura de la novela no es la materia sino la forma".

Escritor de brújula, como a mí me gusta. Las críticas hacia mis "inicios", las dificultades para publicar, escuchar a todos menos a mi interior me hicieron dudar y sumergirme en el mundo de los mapas, esquemas, fichas; el todo atado y bien atado. No me gusta; y quizá por eso ya no fluya como antes. Claro que es muy probable que mi brújla al lado de la suya sea de todo a 100 y, entonces, pues no es lo mismo...
No obstante, ahora volver atrás me resultará muy difícil.
En cuanto a Stevenson y la forma, también lo he pensado desde siempre. Creo que todo está contado, solo cambia la forma de hacerlo. El problema con mucho de lo que se lee (y se publica) ahora es que se hace al contrario: lo importante es la materia y la forma importa un pimiento. Igual por eso se publica tantísimo.
Es cierto que esto apenas sirve para unos pocos privilegiados, para los artistas de verdad. Es un problema querer poner el énfasis en la forma y no llegar. Sin embargo, yo prefiero intentarlo (ojo, no digo que me salga).

 
"La imagen que tenía de los escritores que iban por allí era de unos viejos ridículos. Yo no quería parecerme a ellos".

No en general, diría que es excepcional, pero algunas veces me ocurre igual. No quiero ser como algunos (sí como otros).

Lo mejor de escuchar a los grandes es que te das cuenta de que a veces no vas tan descaminado.
 





miércoles, 13 de junio de 2018



Yo escribo gracias a un par de talleres. Especialmente a uno que siempre he recomendado si alguien me ha preguntado. Los talleres están bien. Es verdad que enseñan cosas que de otro modo se tardaría mucho en asimilar. Una vez dije que los talleres no son imprescindibles, lo es la lectura. Que, sin embargo, son como el zumo concentrado: condensan muchas lecturas, extraen la esencia y te la ofrecen. No obstante, nadie querría prescindir del zumo natural que es la lectura. Desde luego, un escritor no podría. Sin embargo opino que llega un momento en el que hay que prescindir de ellos (de los talleres, no de los zumos). Una vez aprendidas las escasas técnicas básicas, una vez practicadas, hay que volar en busca de tu propia esencia. 
De tu propia voz. 
Es posible e incluso probable que no la tengas y que, por lo tanto, no la encuentres; pero si la tienes y consigues hallarla; entonces es cuando empiezas a escribir de verdad. 
Escribir es un acto solitario. Estás solo cuando escribes y si tienes miedo a esa soledad, nunca podrás volar y, por lo tanto, nunca encontrarás tu voz.
Escribir es, además, un acto de persistencia; de obstinación. Y si no persistes, si no te obstinas, no podrás llegar a saber qué puedes dar.
Porque escribr es dar. Lo que tengas (no se puede pedir más). 
Pero todo lo que tengas, no te puedes guardar nada.
Y tienes que saber lo que tienes.
Y para eso, hay que volar.


lunes, 11 de junio de 2018



"El lenguaje literario era en cierto modo un intruso que intentaba pasar inadvertido entre el lenguaje común. Parte de su interés, si no todo, residía en esa capacidad no ya de ser tolerado por el sistema siendo tan diferente a él, sino de confundirse con él hasta el punto de que mucha gente, como Pedro, suponía que aprender a escribir diálogos consistía en aprender a escribir como se habla. Confundía la literatura con la vida. Quería llevar su vida (su habla) a la escritura,"
 Juan José Millás.
Lee aquí el artículo completo, es una maravilla

sábado, 9 de junio de 2018

Dice Chuck Palahniuk que si no te apetece ponerte a escribir hagas lo siguiente: pon el cronómetro en media hora y ponte a escribir. Si para cuando haya pasado esa media hora no quieres seguir, eres libre de dejarlo. Pero asegura que para entonces, muy probablemente ya te hayas enganchado y decidas continuar.
Esa pereza inmensa que sientes no es solo tuya.
Nos pasa a muchos.
Yo, por ejemplo, últimamente cojo al perro y me doy caminatas de varios kilómetros por no ponerme a escribir. Y quien me conoce sabe el inmenso volumen que alcanza esa pereza, directamente proporcional a los kilómetros recorridos.
Pero igual no es pereza y uno debería empezar a plantearse que ya ha contado todo lo que tenía que contar.
Al menos, por ahora.
En fin, enciendo el cronómetro.

viernes, 8 de junio de 2018


 
Hoy va sobre hipocresía. Lo cual quiere decir que, como siempre, va sobre verdad.
He recorrido algunos círculos literarios y una de las cosas que más me sorprendió desde el principio fue ese modo que tienen algunos autores de poner a parir a otro en los corros privados y después adularlos en público o en su presencia. Nunca supe a qué atenerme con esto y siempre pensé que si lo hacían con unos, también me tocaría a mí de vez en cuando.
Y no creas que es algo que ocurre en raras ocasiones.
No estoy hablando de falta de educación. No estoy diciendo que se le retire el saludo a nadie, ni que se le falte al respeto que todo el mundo merece, ni siquiera aunque se esté parapetado tras esta pantalla de estas redes que se prestan tanto a ello. No, el saludo no se le retira a nadie y, si no puedes decir nada bueno de alguien, lo mejor es callarte. 
Pero... ¿adularlo?.
En realidad sí creo entenderlo: nadie se quiere poner en contra a alguien que después tenga un "altavoz" con el que se le adule a él también.
Bueno, y como no quiero ir de puro, yo también he criticado en corros privados a los escritores que no me gustan, claro que sí; y no digamos de los que no me caen bien.
Pero no he ido después por ahí cepillándoles la chaqueta y, normalmente, para ser amable y hasta simpático con ellos no me ha hecho falta decir lo que no pienso.
El silencio... qué valioso es.
Por suerte, ellos tampoco me han preguntado porque es muy probable que no les importe mi opinión. ¿Por qué habría de importarles? Y, si lo hacen, pues supongo que querrán escuchar lo que pienso de verdad. Yo nunca le pregunto su opinión a nadie, incluso aunque me importe mucho, porque no quiero poner a nadie en el brete de tenerme que decir algo desagradable. Ya me la dará si quiere hacerlo.

Alguien me dijo que si destacas en lugares como Madrid o Barcelona es más por merecerlo que por llevarse bien con unos y con otros; que hay tal cantidad de opciones distintas que solo los que lo merecen se llevan la atención y que por eso no se dan estos provincianismos. 
No sé si será verdad; en todo caso, se trata de eso: de merecerlo.
Merécelo y lo demás vendrá dado.
O no.



lunes, 4 de junio de 2018



“Hubo un momento en el que me liberé, rondaba los cuarenta y me di cuenta de que no tenía sentido seguir simulando ser un novelista como los demás novelistas, que podía hacer lo mío”.


Cuenta el escritor César Aira (Coronel Pringles, 1949) que para él escribir consiste en empezar a hacerlo. No hay andamiajes que valgan ni estructuras o esquemas que guíen sus desquiciantes argumentos. Se trata simplemente de narrar, que no es poco.


http://www.publico.es/culturas/cesar-aira-alguien-compra-libro-portada-jodido.html

viernes, 25 de mayo de 2018



"El camino más noble y efectivo para hacerse un lugar en la literatura es leer y escribir bien. El resto son variaciones de la falta de pudor o cierto goce exhibicionista por el ridículo, cuestiones que siempre están ocultando una falta de verdadera voluntad creativa"
Nicolás Mavrakis
 
Yo lo dejaría como el más noble, a secas.

sábado, 5 de mayo de 2018




El otro día me preguntaron si siempre escribía el mismo tipo de novelas. En aquel caso, se refería a ficción histórica. Le dije que no, que dependía de cada vez que empezaba. Esto podía suponer un pequeño inconveniente ya que el público parece esperar algo muy parecido a lo que ya encontró la última vez que leyó a un autor. Y lo veo tan lógico como lógico me resulta no ceñirme a uno de los múltiples apellidos que se le pone a la literatura (negra, histórica y un largo etcétera). 
Pero, en realidad, estuve torpe en la respuesta. 
Porque sí que es cierto que siempre escribo el mismo tipo de novela. O lo intento al menos. Escribo novela de personajes. Ese es mi sello (creo y espero). 
¿Y qué es novela de personajes? Se preguntará alguien. ¡Todas las novelas tienen personajes! 
Pues (y esta es mi definición y no tiene por qué coincidir con la de nadie más), es la novela que se centra más en los personajes que en las situaciones o acciones; en sus miedos, sus fobias, sus alegrías, sus relaciones, su sufrimiento y su alegría; las novelas que, independientemente del contexto histórico, estén en medio de una investigación criminal o viajando a través del tiempo, se centran en la gente real. En sus pasiones y aversiones, en sus vilezas y en sus noblezas. 
O sea que corrijo mi respuesta: Sí, es verdad, siempre escribo el mismo tipo de novela. Lo que cambio son los escenarios.
Novelas de personajes. O, mejor todavía: de gente común.

jueves, 19 de abril de 2018

Cuento en este blog mucho de lo malo de escribir; pero a veces también se dan cosas buenas. Y no sería honesto que estas me las guardara para mí solo. Aquí va una.

El club de lectura de Albatana hizo esto mientras leía "Lo que está por venir"
Uno de los principales lemas que siempre me he aplicado desde que lo leí es el siguiente: "Piensa siempre que el lector es más inteligente que tú".
Y así, lo he hecho. Sí, este que escribe, el mismo que hace unas entradas decía que no pensaba en el lector al escribir. Pues en esto sí.
Y es verdad que quizá por eso haya momentos en los que alguna de mis novelas pueda ser un tanto complicada. Nada grave, se entiende si se presta atención. Y eso es lo importante: prestar atención, no esperar que te lo den todo mascado como si estuvieras tragándote una de esas películas alemanas con las que ahora nos obsequia TVE en las sobremesas de los fines de semana. Es verdad que son fáciles y que a mucha gente les gusta; pero no es es lo que yo pretendo ofrecer. Yo quiero que el lector participe, que no se relaje.
Y estos días me he reafirmado en mi postura.
He estado con gente, mujeres la mayoría; algunos hombres, hablando de "Lo que está por venir". Gente sencilla de pueblos pequeños, alguna señora me confesaba que no había ido a la escuela. Gente muy alejada de los, a veces esnobs, círculos literarios de las grandes ciudades; también de los, a veces provincianos, círculos de las ciudades más pequeñas. Solo gente que vive su pueblo y participa de su pueblo. 
¿Y qué me he encontrado?
Pues, como suponía, que son más inteligentes que yo. Que sí, que tenían que prestar atención, que a ratos les costaba, pero que entendían, que eran totalmente capaces de seguir  el hilo sin necesidad de explicar una y mil veces la misma cosa. Sin necesidad, si me apuras, de explicar nada una sola vez. Tan solo mostrándoselo. 
Gente lista.
Gente sensible.
Y, para rematar, llega una señora de 80 años que me confiesa que no fue a la escuela y que le encanta participar del club de lectura de su pueblo y me dice: "Has escrito la vida". Y me lo dice alguien que sabe mucho de la vida de verdad, no de la que enseñan en las universidades. 
Igual, algún día, una de mis historias tiene una repercusión nacional y grandes halagos (igual no), pero, en todo caso, será difícil que igualen semejante piropo.



domingo, 15 de abril de 2018



No concibo el escribir como la aplicación de determinadas técnicas. Concibo la asimilación de esas técnicas al servicio de la sensibilidad. Si se está demasiado pendiente de la técnica se olvidan las sensaciones y entonces pierde todo el sentido.
Escribir desde las tripas, eso es lo que le da sentido a esto, la única posibilidad que existe de acercarse al Gran Misterio (entrada del 24/2/18). 
Claro que la técnica ayuda, pero como no le metas tripas...
Creo yo, vamos.