lunes, 26 de febrero de 2018


El provincianismo en arte tiene significado solamente como reserva ética.

Cesare Pavese

Y yo diría que étnica...

domingo, 25 de febrero de 2018




Hace unos meses asistí a una charla de varios escritores. Ante la pregunta del moderador: "¿Piensan en los lectores cuando escriben?" se produjo un cierto pique entre dos de ellos. Uno respondió de inmediato que sí, constantemente; otro de ellos que no, nunca. El pique se desvió con rapidez (con cierta pedantería por parte de uno y cierto complejo mal resuelto por parte del otro) hacia la calidad literaria en relación con las ventas. En mi opinión (y es mi opinión, no un hecho) se dio un poco de postureo; claro que, quizá, en ciertos entornos, ese postureo es inevitable; puede que necesario, no sé.
Poco después, en otra charla, otro escritor comentó este pique ante el público. Su conclusión fue, más o menos, que no sabría decir quién llevaba razón pero que la realidad era que uno era un autor muy vendido (el que pensaba en el público) y al otro no llegaban a leerlo ni cien personas (el que no lo hacía).
¿Qué es lo que en mi opinión hay que hacer? Pues visto que el tercer escritor tenía toda la razón, supongo que lo que el primero.
¿No?
Pues... ¡qué sé yo lo que hay que hacer!
Confieso que estoy más cerca del segundo, del que no piensa en los lectores. Yo, en un acto de inmenso egoísmo, pienso en mí. 
Es cierto: soy el único lector en el que pienso. 
Y... bueno, el tercer escritor podría decir lo mismo de mí.
Hace ya tiempo que escribí "El istmo del reloj de arena". Varios me dijeron que cambiara bastantes cosas y estoy seguro de que tenían razón. Sin embargo, cada vez que lo leía, yo lo veía tal y como estaba. Me gustaba así. Me convencía así. Yo, como lector, disfrutaba de ese libro. Total, que lo dejé como estaba, no lo conseguí colocar en ninguna editorial, lo subí a Amazon en los inicios de Amazon en España y se convirtió en uno de mis libros menos leídos (que ya es decir).
El tercer escritor tuvo razón.
Pero continúo teniéndome como mi único lector (puede que termine consiguiéndolo). Me gustaría convencerme como me convence Spanbauer con cada una de sus obras, como Palahniuk con algunas, como me convenció Patria, o Sostiene Pereira, o Seda o La esposa Joven o... tantas y tantas. 
Quizá es que ellos sí pensaban en mí cuando escribían, vete a saber. 
Es broma, no sé en realidad como lo hacen estos.
Lo que sí sé es que, aunque suene bastante onanista, la única manera de disfrutarlo es hacerlo para mí; si no, qué sentido tiene. 
Me gustaría que mi gusto coincidiera con el de muchos lectores, claro que sí. Cuanto más mejor. Como dijo el que sí pensaba en ellos todo el rato "Cuantos más lectores más gustico"; pero siempre siendo yo el primer convencido.
No critico ni al primero, ni al segundo, ni al tercero. Ni siquiera a mí mismo.Cada uno es libre de tomar su camino como más lo disfrute. Y tampoco hablo de la calidad literaria del primero, del segundo ni del tercero. Ni, por supuesto, de mí mismo. Eso, para los que se sientan capaces de hacerlo.

sábado, 24 de febrero de 2018


Escribir, a menudo, no es escribir.



"En Rusia había un rabino famoso. Cada vez que veía que el infortunio amenazaba a su gente, este rabino iba a un lugar del bosque a meditar. Luego, encendía un fuego, decía una oración determinada y sucedía el milagro y la gente del rabino se salvaba. Las cosas continuaron y continuaron así hasta que el rabino murió y posteriormente, su discípulo, otro rabino, cada vez que un infortunio amenazaba a su gente, iba al mismo lugar del bosque y decía al Gran Misterio: Lo siento pero no sé cómo se enciende el fuego, pero sigo sabiendo la oración y aquí tienes la oración. Y este rabino decía la oración y sucedía el milagro. Luego aquel rabino murió y su discípulo, otro rabino, cada vez que un infortunio amenazaba a su gente, iba al mismo lugar del bosque y decía: No sé cómo se enciende el fuego y no sé la oración, pero sé el lugar y esto debería de ser suficiente. Y sucedía el milagro. Cuando aquel rabino murió, su discípulo, el cuarto rabino, cada vez que un infortunio amenazaba a su gente, se sentaba en su silla en casa con la cabeza en las manos y decía al Gran Misterio: No sé cómo se enciende el fuego, no sé la oración, no sé el lugar del bosque, ni siquiera qué bosque. Lo único que puedo hacer es contártelo y esto debería de ser suficiente. Y sucedía el milagro.
Dios hizo al hombre porque le encanta escuchar historias"
Tom Spanbauer. La ciudad de los cazadores tímidos. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Encuentros con...



Como esto es un lugar de reflexiones para un desmemoriado y no un lugar de anuncios, anoto aquí el placer que supone que se acuerden de uno desde su propia tierra; desde esa Mancha que es mi origen, parte de lo que soy y un lugar al que pertenezco. 
La Mancha es sobria, es austera, a veces puede parecer distante; pero es noble y acogedora. Y así somos los manchegos.
Gracias a la Diputación de Albacete por llevarme a Navas de Jorquera, Albatana y Alatoz, nombres que están en la memoria de mi niñez y, por supuesto, a Albacete, mi ciudad. Allí nos vemos, paisanos; trataré de ser consecuente con todo lo escrito aquí: honestidad, ser y no aparentar, verdad... 





miércoles, 21 de febrero de 2018

Hablando de no aparentar



Hablando de ser y no aparentar.
Hablando de honestidad.
Stanley Rogouski, traducido por Isaac Belmar
Sobre ser un escritor fracasado




Recuerdo cuando me obligaban a ir a trabajar con traje y corbata. En ocasiones iba a comer con algún cliente; este, vestido de sport, a veces incluso con mono de trabajo, me invitaba a subir en su mercedes y me llevaba a algún restaurante. Cuando llegaba la hora de la cuenta, siempre me entregaban a mí la nota. Vestido así, parecía lo que no era. Nunca me ha gustado aparentar, siempre he preferido ser.
En cuanto pude, me deshice del traje y la corbata.
En la literatura deberías hacer lo mismo. 
Eres lo que eres (bueno, malo, regular, superventas, infraventas, con talento o sin él, de gran editorial, autopublicado...), no intentes aparentar otra cosa. 
Por ejemplo, en este post, parezco una especie de gurú literario. En realidad, no soy nadie, es solo una opinión, un consejo si quieres tomarlo así. Y solo por esta última frase, habrá quien me tache de alicaído.
Pues no, no es eso, es solo que me desato la corbata y le paso la cuenta al del mercedes.