miércoles, 21 de febrero de 2018


Recuerdo cuando me obligaban a ir a trabajar con traje y corbata. En ocasiones iba a comer con algún cliente; este, vestido de sport, a veces incluso con mono de trabajo, me invitaba a subir en su mercedes y me llevaba a algún restaurante. Cuando llegaba la hora de la cuenta, siempre me entregaban a mí la nota. Vestido así, parecía lo que no era. Nunca me ha gustado aparentar, siempre he preferido ser.
En cuanto pude, me deshice del traje y la corbata.
En la literatura deberías hacer lo mismo. 
Eres lo que eres (bueno, malo, regular, superventas, infraventas, con talento o sin él, de gran editorial, autopublicado...), no intentes aparentar otra cosa. 
Por ejemplo, en este post, parezco una especie de gurú literario. En realidad, no soy nadie, es solo una opinión, un consejo si quieres tomarlo así. Y solo por esta última frase, habrá quien me tache de alicaído.
Pues no, no es eso, es solo que me desato la corbata y le paso la cuenta al del mercedes.

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