Hoy hace 8 años que recibí una llamada de tanteo previa al único éxito que he conseguido. Es larga la historia de esa llamada. Hasta aquello supuso una semana de incertidumbre.
Que sí, que no.
Al final fue sí y gané aquel premio gracias a haber suprimido unas cuantas "pollas". (Ya digo que la historia es larga).
Hoy, ocho años después, las cosas son muy distintas.
Dije entonces (y lo he repetido bastante, demasiado, después) que el dinero sería como un charco al sol que no tardaría en evaporarse. No era el dinero lo que más valoraba, sino la posibilidad de entrar a uno de los vestíbulos exteriores del Olimpo.
Fue cierto: el charco se evaporó pronto.
Y el vestíbulo del Olimpo también cerró. También pronto, aunque yo tardé en darme cuenta.
A veces creo, sinceramente, que hubiera sido mejor no ganar aquel premio. Seguramente no habría tardado en abandonar el zaguán de ese vestíbulo que no se ha vuelto a abrir y habría usado todo este tiempo de llamar y volver a llamar en vete a saber qué otra actividad (para quien haya seguido este blog, en cualquier otro "algo más")
Uf, cómo suena esto a fracaso.
O a quejica, vete a saber.
Pero hablábamos de verdad.
Para estas reflexiones se abrió este blog.
Para todo lo que ha supuesto el hecho de escribir.
Sin tapar nada.
Escribir como catarsis del hecho de escribir. Casi metaliteratura.
Será curioso volver aquí el año que viene, y el siguiente. A ver qué tal.

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