viernes, 23 de marzo de 2018



Nunca hablo de este blog en público. Si alguien pregunta, evado la respuesta. 
Siempre me he desnudado algo cuando he escrito. Creo que, en el hecho de escribir, hay cierta actitud nudista y puede que también algo exhibicionista.
Y en este blog estoy mucho más desnudo que en cualquier relato o novela. Aquí es donde no disimulo mis carnes caídas, algún lunar con mal aspecto. Es cierto que el instinto me obliga a taparme las partes más ínimas; quizá también el decoro: la mayor parte la pienso mientras la escribo y no es malo que me frene cierto pudor (creo).
Pero nunca hablo de este blog con nadie.
Uno necesita cierta intimidad cuando está desnudo, sobre todo cuando no es asiduo al gimansio. Y aunque sabe bien que alguien puede pasar por delante de la ventana y echar un vistazo, es preferible pensar que no se rompe esa intimidad.
Igual escribir (y sigo pensando mientras escribo) es como desnudarte a solas (yo no soy capaz de escribir mientras me miran), reflejar toda esa desnudez en el papel, a veces maquillarla un poco para hacerla menos explícita, o menos hiriente, o más bella, en definitiva; después volverte a vestir y enviar esa desnudez embellecida (o no) al mundo a ver qué pasa.
O igual no.
Pero esto está quedando demasiado largo y, en todo caso, yo no hablo de este blog en público.
Y si alguien pregunta, trato de evadir la respuesta.

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