Una vez leí (o escuché, no sé) que hay que saber aceptar los halagos. ¿Sabes eso que te dicen "¡listo!" y tú: "no... es que era fácil" y el otro "que sí, que eres muy listo" y tú "nah, exagerao.." Pues decía que ante el halago bastaba un simple "gracias".
Yo soy un tío con suerte, recibo bastantes halagos de mis amigos. En realidad, en el fondo no me los creo demasiado, ya sabes: son mis amigos, me quieren; e intento disimularlo con ese "gracias".
¡Qué demonios! ¿No va este blog de verdad?
Tiendo a no creerme los halagos, esa es la verdad.
Y sé que eso es un gran defecto.
Pero es que obsequiar con un halago es mucho más fácil, y hasta más cómodo, que atizar con una crítica.
Será que no le tengo demasiada fe a la Humanidad.
Puestos a terminar de ser sinceros, tampoco encajo bien las críticas. Aunque también intento disimularlo.
Estas no las recibo con un "gracias", más bien con un: le echaré un vistazo o similar. Porque también soy cabezón y tengo que convencerme a mí mismo y, a priori, ya sabes: si lo hice así fue por algo.
Pero es cierto que suelo prestar más atención a estas últimas y, cuando las asimilo, las tomo como más ciertas que los primeros.
Es por eso que tanto críticas como halagos prefiero recibirlas en diferido, no cara a cara. Porque no sé muy bien cómo reaccionar excepto con ese "gracias" o un "le echaré un vistazo".
Debe de ser el mundo de la creación que, cuando te lo tocan, te están tocando algo íntimo.

