lunes, 26 de marzo de 2018



Una vez leí (o escuché, no sé) que hay que saber aceptar los halagos. ¿Sabes eso que te dicen "¡listo!" y tú: "no... es que era fácil" y el otro "que sí, que eres muy listo" y tú "nah, exagerao.." Pues decía que ante el halago bastaba un simple "gracias".
Yo soy un tío con suerte, recibo bastantes halagos de mis amigos. En realidad, en el fondo no me los creo demasiado, ya sabes: son mis amigos, me quieren; e intento disimularlo con ese "gracias".
¡Qué demonios! ¿No va este blog de verdad?
Tiendo a no creerme los halagos, esa es la verdad.
Y sé que eso es un gran defecto.
Pero es que obsequiar con un halago es mucho más fácil, y hasta más cómodo, que atizar con una crítica.
Será que no le tengo demasiada fe a la Humanidad.
Puestos a terminar de ser sinceros, tampoco encajo bien las críticas. Aunque también intento disimularlo.
Estas no las recibo con un "gracias", más bien con un: le echaré un vistazo o similar. Porque también soy cabezón y tengo que convencerme a mí mismo y, a priori, ya sabes: si lo hice así fue por algo.
Pero es cierto que suelo prestar más atención a estas últimas y, cuando las asimilo, las tomo como más ciertas que los primeros.
Es por eso que tanto críticas como halagos prefiero recibirlas en diferido, no cara a cara. Porque no sé muy bien cómo reaccionar excepto con ese "gracias" o un "le echaré un vistazo".
Debe de ser el mundo de la creación que, cuando te lo tocan, te están tocando algo íntimo.
 


sábado, 24 de marzo de 2018



Creo que hay que ser muy cauteloso con las ideas. Las ideas son como las personas falsas: hay que tratarlas un tiempo para calarlas. Por eso pienso que cuando llega una idea que te entusiasma, es bueno apuntarla y dejarla a un lado: ya sabemos que la recién llegada te va a engatusar de primeras. Si cuando vuelvas a ella después de un tiempo prudencial te sigue entusiasmando, quizá esa no sea de las falsas, atrévete con ella.
Pero cuidado: las ideas son muy embaucadoras, aun así podría salirte rana más tarde.
Por otra parte, las ideas son muy aprovechadas y se benefician de las demás ideas. Abrirle la puerta a una es posible que cause la entrada de otras. Y eso es bueno.
Nunca te quedes con la primera que llega, esa es la fácil. Mira entre las que intentan asomarse detrás; esas suelen ser las que tienen enjundia. 

viernes, 23 de marzo de 2018



Nunca hablo de este blog en público. Si alguien pregunta, evado la respuesta. 
Siempre me he desnudado algo cuando he escrito. Creo que, en el hecho de escribir, hay cierta actitud nudista y puede que también algo exhibicionista.
Y en este blog estoy mucho más desnudo que en cualquier relato o novela. Aquí es donde no disimulo mis carnes caídas, algún lunar con mal aspecto. Es cierto que el instinto me obliga a taparme las partes más ínimas; quizá también el decoro: la mayor parte la pienso mientras la escribo y no es malo que me frene cierto pudor (creo).
Pero nunca hablo de este blog con nadie.
Uno necesita cierta intimidad cuando está desnudo, sobre todo cuando no es asiduo al gimansio. Y aunque sabe bien que alguien puede pasar por delante de la ventana y echar un vistazo, es preferible pensar que no se rompe esa intimidad.
Igual escribir (y sigo pensando mientras escribo) es como desnudarte a solas (yo no soy capaz de escribir mientras me miran), reflejar toda esa desnudez en el papel, a veces maquillarla un poco para hacerla menos explícita, o menos hiriente, o más bella, en definitiva; después volverte a vestir y enviar esa desnudez embellecida (o no) al mundo a ver qué pasa.
O igual no.
Pero esto está quedando demasiado largo y, en todo caso, yo no hablo de este blog en público.
Y si alguien pregunta, trato de evadir la respuesta.


Creo de verdad que cada uno tiene lo que se merece. No hablo de justicia, sino de causalidad.Y tampoco hablo de catástrofes ni hechos luctuosos que nadie puede explicar con causa-efecto. 
A decir verdad, hablo de lo que habla este blog, del mundo asociado a la escritura.
Creo, de verdad, que cada uno está donde merece.
Y ahora no hablo de escribir bien o mal. O no solo de eso.
Resulta que no se trataba solo de escribir; resulta que se dan un montón de factores más. Y el que mejor domine la mayor parte de ellos tendrá más méritos que los demás.
Quizá la suerte también sea uno de esos factores, no lo sé.
Se supone que el factor básico es escribir, claro está. Pero quien pretenda dominar ese y solo ese, tendrá que ser excepcionalmente bueno para merecer cierta visibilidad. Si no quiere apoyarse en los otros factores, habrá de ser un genio. 
Y genios hay pocos.
No me gustaría que esto sonara a reproche. Me gustaría que sonara a aplauso y cierta admiración por esos que consiguen dominar un gran número de factores. Ellos lo merecen.


sábado, 17 de marzo de 2018





Hoy hace 8 años que recibí una llamada de tanteo previa al único éxito que he conseguido. Es larga la historia de esa llamada. Hasta aquello supuso una semana de incertidumbre.
Que sí, que no.
Al final fue sí y gané aquel premio gracias a haber suprimido unas cuantas "pollas". (Ya digo que la historia es larga).
Hoy, ocho años después, las cosas son muy distintas.
Dije entonces (y lo he repetido bastante, demasiado, después) que el dinero sería como un charco al sol que no tardaría en evaporarse. No era el dinero lo que más valoraba, sino la posibilidad de entrar a uno de los vestíbulos exteriores del Olimpo.
Fue cierto: el charco se evaporó pronto.
Y el vestíbulo del Olimpo también cerró. También pronto, aunque yo tardé en darme cuenta.
A veces creo, sinceramente, que hubiera sido mejor no ganar aquel premio. Seguramente no habría tardado en abandonar el zaguán de ese vestíbulo que no se ha vuelto a abrir y habría usado todo este tiempo de llamar y volver a llamar en vete a saber qué otra actividad (para quien haya seguido este blog, en cualquier otro "algo más")
Uf, cómo suena esto a fracaso.
O a quejica, vete a saber.
Pero hablábamos de verdad.
Para estas reflexiones se abrió este blog.
Para todo lo que ha supuesto el hecho de escribir.
Sin tapar nada.
Escribir como catarsis del hecho de escribir. Casi metaliteratura.
Será curioso volver aquí el año que viene, y el siguiente. A ver qué tal.



domingo, 11 de marzo de 2018





Dicen que hay escritores de brújula y escritores de mapa. Los de mapa no echan a andar sin un plano detallado de todo lo que van a encontrar en el largo camino que supone adentrarse en una novela. Los de brújula tienen una ligera idea de donde están, a donde quieren ir y parten a ver dónde les lleva su norte. 
Pienso que estos últimos son mucho más inspirados que los primeros. Pero que no se me ofenda nadie. Yo, hoy día, o soy de mapa o no soy.
Aun así, no hay nada comparable a aquella brújula que me adentraba en caminos desconocidos.

jueves, 8 de marzo de 2018



El escritor que no consiga hacer pensar, hacer llorar o hacer reír con su prosa - hacer pensar sin ponerse filósofo; hacer llorar sin ponerse sensible; hacer reír sin ponerse chabacano- esto es, el que no posea ni ternura, ni gracia, ni profundidad, es inútil que se pudra en Salmántica preparándose para el éxito. Pepín Rivero. Escritor cubano.

lunes, 26 de febrero de 2018


El provincianismo en arte tiene significado solamente como reserva ética.

Cesare Pavese

Y yo diría que étnica...

domingo, 25 de febrero de 2018




Hace unos meses asistí a una charla de varios escritores. Ante la pregunta del moderador: "¿Piensan en los lectores cuando escriben?" se produjo un cierto pique entre dos de ellos. Uno respondió de inmediato que sí, constantemente; otro de ellos que no, nunca. El pique se desvió con rapidez (con cierta pedantería por parte de uno y cierto complejo mal resuelto por parte del otro) hacia la calidad literaria en relación con las ventas. En mi opinión (y es mi opinión, no un hecho) se dio un poco de postureo; claro que, quizá, en ciertos entornos, ese postureo es inevitable; puede que necesario, no sé.
Poco después, en otra charla, otro escritor comentó este pique ante el público. Su conclusión fue, más o menos, que no sabría decir quién llevaba razón pero que la realidad era que uno era un autor muy vendido (el que pensaba en el público) y al otro no llegaban a leerlo ni cien personas (el que no lo hacía).
¿Qué es lo que en mi opinión hay que hacer? Pues visto que el tercer escritor tenía toda la razón, supongo que lo que el primero.
¿No?
Pues... ¡qué sé yo lo que hay que hacer!
Confieso que estoy más cerca del segundo, del que no piensa en los lectores. Yo, en un acto de inmenso egoísmo, pienso en mí. 
Es cierto: soy el único lector en el que pienso. 
Y... bueno, el tercer escritor podría decir lo mismo de mí.
Hace ya tiempo que escribí "El istmo del reloj de arena". Varios me dijeron que cambiara bastantes cosas y estoy seguro de que tenían razón. Sin embargo, cada vez que lo leía, yo lo veía tal y como estaba. Me gustaba así. Me convencía así. Yo, como lector, disfrutaba de ese libro. Total, que lo dejé como estaba, no lo conseguí colocar en ninguna editorial, lo subí a Amazon en los inicios de Amazon en España y se convirtió en uno de mis libros menos leídos (que ya es decir).
El tercer escritor tuvo razón.
Pero continúo teniéndome como mi único lector (puede que termine consiguiéndolo). Me gustaría convencerme como me convence Spanbauer con cada una de sus obras, como Palahniuk con algunas, como me convenció Patria, o Sostiene Pereira, o Seda o La esposa Joven o... tantas y tantas. 
Quizá es que ellos sí pensaban en mí cuando escribían, vete a saber. 
Es broma, no sé en realidad como lo hacen estos.
Lo que sí sé es que, aunque suene bastante onanista, la única manera de disfrutarlo es hacerlo para mí; si no, qué sentido tiene. 
Me gustaría que mi gusto coincidiera con el de muchos lectores, claro que sí. Cuanto más mejor. Como dijo el que sí pensaba en ellos todo el rato "Cuantos más lectores más gustico"; pero siempre siendo yo el primer convencido.
No critico ni al primero, ni al segundo, ni al tercero. Ni siquiera a mí mismo.Cada uno es libre de tomar su camino como más lo disfrute. Y tampoco hablo de la calidad literaria del primero, del segundo ni del tercero. Ni, por supuesto, de mí mismo. Eso, para los que se sientan capaces de hacerlo.