Soy un informático que escribe. Me gusta leer y pensar sobre el hecho de escribir. Aprender, pero también sacar mis propias conclusiones. Este es un buen sitio donde tomar notas para no olvidarlas.
sábado, 10 de febrero de 2018
jueves, 8 de febrero de 2018
Dime que las mujeres tienen que ganar lo mismo que los hombres y te diré que hace mucho tiempo que debería existir una ley que obligara a ello. Dime que no es justo el maltrato a una mujer y te diré que no solo no es justo sino que es denigrante, indignante y la misma cara del mal. Dime que una mujer va a gobernar el mundo y te diré que dónde hay que firmar.
Pero pídeme que escriba portavoza o miembra y no me molestaré ni en contestarte.
Hay quien no deja extinguirse a sus libros. Quien, a fuerza de nadar a contracorriente, los eleva para que no terminen ahogándose. Siento una pizca de admiración por quien actúa así. Para mí los libros no son, como se dice mucho por ahí, hijos. Chapotearía por mis hijos hasta asfixiarme, no por mis libros. Yo puedo ayudarles a flotar al principio (a mis libros), pero después deben hacerlo solos. No soy un gran nadador, terminaría ahogado con ellos.
miércoles, 7 de febrero de 2018
Byung-Chul Han:
Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es.Pincha aquí para leer el artículo completo. Merece la pena.
sábado, 3 de febrero de 2018
Cuentan que Bukowski arrojó por la ventana de su editor el manuscrito corregido cuando vio que le había cambiado todas las comas por puntos.
Menudos huevos tenía Bukowski.
No sé si a Saramago le pasaría algo parecido con su también peculiar sistema de puntuación. En todo caso, a los genios se les termina aceptando ese quebranto de las reglas.
Y me parece bien.
Otros, en cambio, tuvimos en su día que quitar varias "pollas" del primer capítulo para no ofender a la esposa de cierto director general.
Si tuviera que elegir entre los huevos o el genio de Bukowski, me quedaría con el genio; pero seguiría envidiándole los huevos.
Y ya que mencionas el éxito, pregúntate por él. Piensa en dos novelas que has leído y que tienes en mente. Una de ellas tiene un lenguaje trivial, nada cuidado, feo; una trama simple y unos personajes planos y estereotipados. Es una novela y un autor con mucho público. La otra presenta un lenguaje petulante, presuntuoso, que se hace difícil de seguir, los personajes, mejor trazados que los de la primera. Ni el título ni su autor son muy conocidos. Ambos tienen sus fieles seguidores, evidentemente uno más que el otro. ¿Quién de ellos ha tenido éxito? Así, de pronto, uno estaría tentado de decir que el primero de ellos es el autor de éxito. Ahora piensa en ellos, los autores, más que en las novelas. Ambos han querido siempre escribir lo que escriben y cómo lo escriben. El anhelo del primero siempre ha sido tener más público que literatura, el del segundo poseer un lenguaje florido. Los dos, cuando leen sus propios libros, sienten ese orgullo íntimo, esa satisfacción del trabajo bien hecho.
¿No crees ahora que los dos han tenido éxito?
¿Es el éxito triunfar ante miles de personas? ¿Que te señalen por la calle? ¿Que te pidan autógrafos? ¿Es, quizá, ser aclamado por la crítica a pesar del gran público? ¿O podría encontrarse más bien en esa satisfacción íntima?
Reflexionemos sobre el conflicto. No hay historia si no hay conflicto. Por eso las historias de género negro gozan de tan buena salud tanto en cuanto a lectores como escritores. ¿Qué mayor conflicto que una muerte violenta? Ah, ¿pero y el conflicto interno? Creo que la diferencia entre una novela y una buena novela es el conflicto interno. Cualquier novela, buena o mala tiene un conflicto externo ya que si no, no existiría; pero no todas muestran el conflicto interno de sus personajes (de todos, a ser posible). Cuanto más profundo sea este conflicto, cuanto mejor tratado esté, mejor será la novela.
Pensemos en Blade Runner. A mi entender, género negro. Aunque podría no serlo, da igual. Si se compara con la novela en la que se basa (“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”) ¿Qué diferencias encontramos? El conflicto externo es similar: hay que encontrar y dar caza a los nexus-6. La diferencia, en mi opinión, está en los diferentes conflictos internos; inexistentes en la novela (salvo por Rick), visibles en la película. Recuerda el maravilloso diálogo del replicante Roy Batty: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.” Los nexus-6 de la película quieren vivir como humanos (conflicto interno) pero están programados para durar unos pocos años (conflicto externo). Esto también ocurre con los demás replicantes de la película, como el magnífico conflicto interno de Rachael que no existe en el libro. Es por eso que los replicantes de la película son (paradoja) más humanos que los de la novela. Personajes más completos, al fin y al cabo.
Hablemos ahora del lenguaje. Es importante el lenguaje. Comparando de nuevo, el lenguaje de la película me parece mucho más lírico que el de la novela. En el libro, es más difícil conectar con lo que están sintiendo los personajes en determinados momentos. Se trata de un lenguaje mucho más bello, más (otra paradoja) literario.
Por una vez, la película supera al libro.
Es importante el lenguaje, repito. No se trata de contar, eso sabe hacerlo cualquiera; se trata de cómo lo cuentas (arte).
Hay demasiadas novelas por ahí sin conflictos internos, con un manejo del lenguaje demasiado trivial (se me puede incluir, no pasa nada). Y, tengan el éxito de público que tengan, les falta ese "algo más".
viernes, 2 de febrero de 2018
Soy consciente de no ser el genio que probablemente alguno piense que creo ser. La creatividad es un constante "no" (no es bueno, no es vendible, no se entiende, no gusta...). Y, sin embargo, ¿qué se supone que se debe hacer? ¿Buscar el sí? ¿O, por el contrario, ser quien eres a riesgo de no ser bueno, no ser vendible, no hacerte entender, en definitiva, no gustar? Es muy probable que el arte no se encuentre en el interior de uno; pero estoy casi seguro de que tampoco en cambiar lo que uno es con el fin de gustar. En resumen: el arte puede no ser lo que uno es; pero es imposible que sea lo que uno no es.
¿Será esto soberbia?
Pd: me da vergüenza hablar de arte desde una ignorancia tan grande como la mía. Son solo reflexiones.
Recuerdo un día, sentados en un banco del jardín en Altea, tendría yo alrededor de 13 o 14 años. Éramos un grupo de amigos, todos más o menos de la misma edad, sin saber muy bien qué hacer. De pronto, Paco el alemán, levantó la cabeza y preguntó: ¿Qué queréis hacer vosotros en la vida? Después, nos miró uno a uno y nos fue pidiendo una respuesta. Ninguno sabía muy bien qué decir, pero todos, uno detrás de otro, iba respondiendo: “Tener un trabajo y una familia”. Cuando llegó a mí dije: “Sí, supongo que tener un trabajo y una familia, pero también algo más”. Entonces él preguntó qué era ese “algo más” y yo solo pude encogerme de hombros y confesar que no lo sabía, pero que quería algo más. Supongo que todos los años que vinieron después estuve esperando ese “algo más”. Y no fue hasta pasado mucho tiempo, cuando ya había entrado en la cuarentena, que lo encontré. Ya había conseguido un trabajo y una familia, incluso plantar varios árboles, pero no había sabido cuán literal era el dicho en mi caso, ya sabes: “plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”. “Esto es lo que siempre estuve buscando”, le dije a alguien que, la verdad, mostró poco interés. Pues bien, eso era: la literatura. Volviendo un poco atrás, hubo un tiempo que me dio por la fotografía y ahora creo que fue parte de esta búsqueda inconsciente. La terminé dejando porque, palabras mías: “me falta algo”. Sí es cierto que dominé la técnica y llegué a hacer buenos retratos, pero nunca conseguí pasar de las fotografías familiares o personales y sabía que me faltaba algo. Otra vez ese “algo más”. En aquel entonces ni siquiera me lo planteé, pensé que me había cansado. Solo hoy me doy cuenta de que la fotografía no era ese “algo más” de mi adolescencia. Así que, saltados los 40, probablemente culpa de la famosa crisis de edad, me encontré con el regalo de la literatura. Con ese “algo más” que yo andaba buscando sin saberlo. Y entonces escribí un pequeño texto, después un relato, y luego otro y otro más, más adelante, novelas. Gané algunos premios y publiqué y hablé ante auditorios más o menos concurridos y, durante los primeros años, insisto en que sin ser consciente, creí que había alcanzado ese “algo más”. ¡Qué ingenuo! Llegó el momento en que quise dar un paso más (yo no lo sabía, pero se trataba de mi viejo “algo más” empujando”) y quise llegar a una gran editorial, o a un gran premio, con el objetivo de que mi obra se conociera, que obtuviera reconocimiento (es importante aclarar que quería ese reconocimiento para mi obra, no para mí. Aunque pueda parecer lo mismo, no lo es). Resultó que esto último no lo conseguí. Al menos, no de momento. Pero esto no es lo importante, no es de lo que quiero hablar. Este “fracaso” me causó cierta frustración y me llevó a tomar una pausa y reflexionar. Quizá dejar de escribir como en su momento hice con la fotografía, o quizá otra cosa que no sabía todavía decidir. No sé si he llegado a una conclusión o no, pero sí me ha llevado a dar un paso más en esa búsqueda, en pos de mi “algo más”. Para empezar, me ha llevado a ser consciente de él; a recordar a aquel niño que, sin saber expresarlo, dijo que que no quería pasar por la vida sin más. Y ese “algo más”, junto al repaso de ciertas citas de Pavese y algún otro escritor, me ha llevado a pensar - a creer más bien - que ya puedo ponerle nombre a ese “algo más” que siempre ha estado ahí y no lo he sabido reconocer, que me ha hecho pasar por todos estos años para plantarse ante mí y hacerse reconocible. Se trata del arte. Así, sin más. Hoy, en estos días de reflexión, me he dado cuenta de que ese “algo más” seguirá tirando de mí y que es casi seguro de que yo nunca podré alcanzarlo. Y que, en todo caso, nunca seré capaz de saber si lo he alcanzado. Solo los demás podrán decir si alguna vez lo conseguí o no. Pero esto no es algo triste, que nadie vaya a pensar lo contrario. Al revés, es el arte el que me ha hecho llegar aquí. No se trataba de los libros de entretenimiento (a los que respeto mucho), ni de lectores en masa, ni de ninguna otra cosa que no fuera intentar acercarme al arte sin, posiblemente, conseguirlo jamás; pero siempre con él a la vista, viendo a cada paso que das cómo él se aleja otro.
No me puedo definir como escritor, mucho menos como artista; pero sí que puedo decir que lo que quiero es perseguirlo; que ese camino es donde a día de hoy creo que está mi “algo más”. Puede que me equivoque, que ese “algo más” un día decida dar un nuevo giro. No lo sé. De momento Paco el alemán ya tiene su respuesta: “Tener un trabajo, una familia y perseguir hasta alcanzar (o no) el arte.
Si llego a acercarme mucho o me separarán de él años luz, tendrán que decirlo otros.
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