sábado, 3 de febrero de 2018





Cuentan que Bukowski arrojó por la ventana de su editor el manuscrito corregido cuando vio que le había cambiado todas las comas por puntos. 
Menudos huevos tenía Bukowski. 
No sé si a Saramago le pasaría algo parecido con su también peculiar sistema de puntuación. En todo caso, a los genios se les termina aceptando ese quebranto de las reglas. 
Y me parece bien. 
Otros, en cambio, tuvimos en su día que quitar varias "pollas" del primer capítulo para no ofender a la esposa de cierto director general. 
Si tuviera que elegir entre los huevos o el genio de Bukowski, me quedaría con el genio; pero seguiría envidiándole los huevos.

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