Recuerdo un día, sentados en un banco del jardín en Altea, tendría yo alrededor de 13 o 14 años. Éramos un grupo de amigos, todos más o menos de la misma edad, sin saber muy bien qué hacer. De pronto, Paco el alemán, levantó la cabeza y preguntó: ¿Qué queréis hacer vosotros en la vida? Después, nos miró uno a uno y nos fue pidiendo una respuesta. Ninguno sabía muy bien qué decir, pero todos, uno detrás de otro, iba respondiendo: “Tener un trabajo y una familia”. Cuando llegó a mí dije: “Sí, supongo que tener un trabajo y una familia, pero también algo más”. Entonces él preguntó qué era ese “algo más” y yo solo pude encogerme de hombros y confesar que no lo sabía, pero que quería algo más. Supongo que todos los años que vinieron después estuve esperando ese “algo más”. Y no fue hasta pasado mucho tiempo, cuando ya había entrado en la cuarentena, que lo encontré. Ya había conseguido un trabajo y una familia, incluso plantar varios árboles, pero no había sabido cuán literal era el dicho en mi caso, ya sabes: “plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”. “Esto es lo que siempre estuve buscando”, le dije a alguien que, la verdad, mostró poco interés. Pues bien, eso era: la literatura. Volviendo un poco atrás, hubo un tiempo que me dio por la fotografía y ahora creo que fue parte de esta búsqueda inconsciente. La terminé dejando porque, palabras mías: “me falta algo”. Sí es cierto que dominé la técnica y llegué a hacer buenos retratos, pero nunca conseguí pasar de las fotografías familiares o personales y sabía que me faltaba algo. Otra vez ese “algo más”. En aquel entonces ni siquiera me lo planteé, pensé que me había cansado. Solo hoy me doy cuenta de que la fotografía no era ese “algo más” de mi adolescencia. Así que, saltados los 40, probablemente culpa de la famosa crisis de edad, me encontré con el regalo de la literatura. Con ese “algo más” que yo andaba buscando sin saberlo. Y entonces escribí un pequeño texto, después un relato, y luego otro y otro más, más adelante, novelas. Gané algunos premios y publiqué y hablé ante auditorios más o menos concurridos y, durante los primeros años, insisto en que sin ser consciente, creí que había alcanzado ese “algo más”. ¡Qué ingenuo! Llegó el momento en que quise dar un paso más (yo no lo sabía, pero se trataba de mi viejo “algo más” empujando”) y quise llegar a una gran editorial, o a un gran premio, con el objetivo de que mi obra se conociera, que obtuviera reconocimiento (es importante aclarar que quería ese reconocimiento para mi obra, no para mí. Aunque pueda parecer lo mismo, no lo es). Resultó que esto último no lo conseguí. Al menos, no de momento. Pero esto no es lo importante, no es de lo que quiero hablar. Este “fracaso” me causó cierta frustración y me llevó a tomar una pausa y reflexionar. Quizá dejar de escribir como en su momento hice con la fotografía, o quizá otra cosa que no sabía todavía decidir. No sé si he llegado a una conclusión o no, pero sí me ha llevado a dar un paso más en esa búsqueda, en pos de mi “algo más”. Para empezar, me ha llevado a ser consciente de él; a recordar a aquel niño que, sin saber expresarlo, dijo que que no quería pasar por la vida sin más. Y ese “algo más”, junto al repaso de ciertas citas de Pavese y algún otro escritor, me ha llevado a pensar - a creer más bien - que ya puedo ponerle nombre a ese “algo más” que siempre ha estado ahí y no lo he sabido reconocer, que me ha hecho pasar por todos estos años para plantarse ante mí y hacerse reconocible. Se trata del arte. Así, sin más. Hoy, en estos días de reflexión, me he dado cuenta de que ese “algo más” seguirá tirando de mí y que es casi seguro de que yo nunca podré alcanzarlo. Y que, en todo caso, nunca seré capaz de saber si lo he alcanzado. Solo los demás podrán decir si alguna vez lo conseguí o no. Pero esto no es algo triste, que nadie vaya a pensar lo contrario. Al revés, es el arte el que me ha hecho llegar aquí. No se trataba de los libros de entretenimiento (a los que respeto mucho), ni de lectores en masa, ni de ninguna otra cosa que no fuera intentar acercarme al arte sin, posiblemente, conseguirlo jamás; pero siempre con él a la vista, viendo a cada paso que das cómo él se aleja otro.
No me puedo definir como escritor, mucho menos como artista; pero sí que puedo decir que lo que quiero es perseguirlo; que ese camino es donde a día de hoy creo que está mi “algo más”. Puede que me equivoque, que ese “algo más” un día decida dar un nuevo giro. No lo sé. De momento Paco el alemán ya tiene su respuesta: “Tener un trabajo, una familia y perseguir hasta alcanzar (o no) el arte.
Si llego a acercarme mucho o me separarán de él años luz, tendrán que decirlo otros.
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