jueves, 8 de febrero de 2018




Hay quien no deja extinguirse a sus libros. Quien, a fuerza de nadar a contracorriente, los eleva para que no terminen ahogándose. Siento una pizca de admiración por quien actúa así. Para mí los libros no son, como se dice mucho por ahí, hijos. Chapotearía  por mis hijos hasta asfixiarme, no por mis libros. Yo puedo ayudarles a flotar al principio (a mis libros), pero después deben hacerlo solos. No soy un gran nadador, terminaría ahogado con ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario